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La cumbre mundial de Desarrollo Sostenible
article publié le 16/08/2002
auteur-e(s) : El desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. La cumbre mundial de Desarrollo Sostenible en Johannesburgo"El
desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades del
presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para
satisfacer las suyas." – Nuestro
Futuro Común - Informe de la
Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Informe Brundtland),
1987. De
Río a Johannesburgo
La Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, que se celebrará en Johannesburgo (Suráfrica) entre el 26 de agosto y el 4 de septiembre, reunirá a dirigentes mundiales, activistas y representantes de empresas, para trabajar en un programa con miras a asegurar que el planeta Tierra pueda ofrecer una vida digna a todos sus habitantes, en el presente y en el futuro. La Cumbre se celebrará en el Sandton Convention Centre, a las afueras de Johannesburgo. También se celebrará un foro no gubernamental en un lugar próximo llamado Gallagher. La
Cumbre Mundial del Desarrollo Sostenible se celebra 10 años después de Río.
La Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo que se celebró en Río del 3
al 14 de junio de 1992, llegó demasiado
tarde como para impedir los problemas que pretendía
resolver, ignorando el principio de precaución, pero demasiado pronto como para
alcanzar acuerdos satisfactorios, a pesar de dos largos años de negociaciones. Conferencia
de Estocolmo de 1972. Treinta años después de Estocolmo y 10 de Río, los
problemas sociales y ambientales, lejos de solucionarse, se han agravado. La
población supera los 6.200 millones de habitantes, el doble que en 1972, y hoy
800 millones de personas viven en la extrema pobreza. Las proyecciones muestran
que la población mundial llegará a los 8.000 millones de habitantes para 2025
y a los 9.300 millones de habitantes para 2050, para estabilizarse en los 12.000
millones de personas a finales del siglo XXI. El
15% de la población mundial vive en países de altos ingresos y a ella
corresponde el 56% de todo el consumo del mundo, mientras que al 40% más pobre
de la población mundial, que vive en países en desarrollo, corresponde únicamente
el 11% del consumo. El promedio de gastos de consumo de una familia africana se
ha reducido en un 20% en comparación con 25 años atrás. La
tasa de pobreza general en los países en desarrollo, basada en un umbral de
pobreza de 1 dólar de ingresos al día, se redujo del 29% en 1990 al 23% en
1998. El número total de personas que viven en la pobreza por ingresos se
redujo sólo de cerca de 1.300 millones a 1.200 millones. Hay 815 millones de
personas desnutridas en el mundo, y 777 millones de ellas viven en los países
en desarrollo. Las cifras están reduciéndose en Asia, pero aumentan en África. Cada
año se pierden 14,6 millones de hectáreas de bosques y miles de especies,
reduciendo y erosionando irreversiblemente la diversidad biológica. La capa de
ozono, a pesar del Protocolo de Montreal, no se recuperará hasta mediados del
siglo XXI. El dióxido de carbono presente en la atmósfera (370 partes por millón)
se ha incrementado en un 32% respecto al siglo XIX, alcanzando las mayores
concentraciones en los últimos 20 millones de años, y hoy añadimos anualmente
a la atmósfera más de 23.000 millones de toneladas de CO2, acelerando el
cambio climático. Se prevé que las emisiones de dióxido de carbono aumenten
en un 75% entre 1997 y 2020. Cada año emitimos cerca de 100 millones de
toneladas de dióxido de azufre, 70 millones de óxidos de nitrógeno, 200
millones de monóxido de carbono y 60 millones de partículas en suspensión,
agravando los problemas causados por las lluvias ácidas, el ozono troposférico
y la contaminación atmosférica local. El
accidente de Chernóbil, la proliferación nuclear y la acumulación de residuos
radiactivos, son ejemplos de los riesgos de la energía nuclear. El posible
conflicto entre dos potencias nucleares, como India y Pakistán, por Cachemira,
o el de Oriente Próximo, donde Israel posee cerca de 100 bombas atómicas, son
ejemplos de que aún no ha desaparecido la amenaza nuclear. El
consumo mundial de energía supera los 9.000 millones de toneladas equivalentes
de petróleo, y más de 680 millones de vehículos, la mayoría en el Norte,
circulan por costosas infraestructuras.
Mientras cerca de dos mil millones de personas carecen de electricidad. La
pesca excesiva, el sobrepastoreo, el consumo de leña, el empleo de plaguicidas
y abonos, la contaminación, la producción de residuos y el crecimiento de las
áreas metropolitanas, destruyen los recursos a un ritmo nunca conocido. Los
cultivos transgénicos, inexistentes en 1992, hoy superan los 45 millones de
hectáreas, y han surgido nuevas amenazas, como la nanotecnología y la ingeniería
genética aplicada a los seres humanos. Desapareció
el conflicto Este-Oeste, pero los gastos militares apenas se han reducido, e
incluso han aumentado tras los atentados del 11 de septiembre, con una única
superpotencia, EE UU, mientras han estallado numerosos conflictos y sobre todo
se han ahondado las diferencias entre el Norte y el Sur, así como las
desigualdades dentro de cada país. La ideología neoliberal pretende erigirse
en el pensamiento único, dictando las políticas económicas de todos los países. El
Norte consumista y desarrollado no quiere asumir sus responsabilidades en la
destrucción ambiental y en la explotación de los pueblos del Sur, negándose a
hacer ninguna concesión sustancial (deuda externa, transferencia de tecnología,
comercio internacional, ayuda al desarrollo, reducción de las emisiones de
CO2), y a cambiar su insostenible modo de vida. A
las élites que gobiernan el Sur tampoco les interesa que algo cambie. Ellas son
el Norte del Sur, y no están dispuestas ni a redistribuir más equitativamente
la renta y la tierra, ni a democratizar sus países, ni a respetar los derechos
humanos, ni a acabar con la corrupción, ni a frenar la destrucción de sus
ecosistemas. En Johannesburgo las élites del Sur pretenden practicar un
nacionalismo demagógico, para vestir su voracidad y
el expolio de sus pueblos y ecosistemas, y en el fondo se alegrarían tanto como
George W. Bush del fracaso de la Cumbre de Johannesburgo. La
"Carta de la Tierra" quedó reducida en Río a un prólogo
descafeinado y sin valor normativo. Los fondos para implantar la Agenda 21 son
raquíticos, y para colmo el Banco Mundial es el organismo encargado de su gestión.
La Cumbre de Monterrey no logró aumentar la Ayuda Oficial al Desarrollo al 0,7%
del PIB de los países industrializados. Pero
el hecho más significativo desde la Cumbre de Río es la creación de la
Organización Mundial de Comercio y la aceleración de la globalización económica,
eliminando las trabas al comercio mundial de mercancías y servicios, sin consideración
por la degradación ambiental, las crecientes desigualdades y la destrucción de
empleos en las economías del Tercer Mundo. El Convenio sobre el Cambio Climático,
debido a la presión del gobierno estadounidense, no contempló en 1992 ningún
compromiso firme para estabilizar las emisiones de los gases causantes del
efecto invernadero, y las mismas inconsistencias afectan al Convenio sobre
Diversidad Biológica. No obstante, hay que destacar algunos pasos positivos, como
el Protocolo de Kioto en 1997 (que debería ratificarse y entrar en vigor en
Johannesburgo, si EE UU y sus aliados no lo impiden), el Protocolo de
Bioseguridad (también debería ratificarse, con la oposición de EE UU), la
creación de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible, la firma de un
Convenio sobre Desertificación y la creciente organización de la sociedad
civil en torno a las ONG y a los movimientos sociales. El auge
de
la energía eólica y solar es otro indicador claro de que es posible también
otro futuro energético, sin nucleares ni combustibles fósiles. El
mundo, la biósfera en la que vivimos, no puede soportar por mucho más tiempo
el actual modelo de desarrollo insostenible, con las terribles desigualdades
sociales y la degradación ambiental. Río, ¿sirvió para algo? A riesgo de
pecar de optimismo, cabe afirmar que Río supuso un avance en la conciencia
colectiva. Johannesburgo, independientemente de sus resultados concretos, tendrá
efectos similares. La Cumbre del Desarrollo Sostenible de JohannesburgoUno
de los objetivos de la Cumbre de Johannesburgo es la ratificación de varios
tratados internacionales: Protocolo de Kioto, Protocolo de Cartagena sobre
Bioseguridad, el Tratado Internacional sobre Recursos Genéticos de Plantas para
la Alimentación y la Agricultura, el Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes
Orgánicos y Persistentes (COP), el Convenio de Rotterdam sobre consentimiento
previo informado antes de exportar ciertos productos químicos peligrosos y
plaguicidas, el acuerdo de la ONU sobre recursos pesqueros que incluye varios
planes de la FAO, el Convenio de Basilea sobre el transporte de residuos tóxicos
y el Convenio europeo de Aarhus sobre el acceso a la información, que debería
globalizarse. Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas, resumió
los progresos que esperaba ver en Johannesburgo en cinco esferas: 1.
Agua y el saneamiento: Poner el agua potable al alcance de por lo menos 1.000
millones de personas que carecen de agua apta para el consumo y proveer de
saneamiento adecuado a 2.000 millones de personas. El agua contaminada, el
saneamiento inadecuado y la falta de higiene causan más del 80% de todas las
enfermedades en los países en desarrollo. El paludismo por sí sólo provoca más
de un millón de muertes al año. Para el año 2025, las dos terceras partes de
la población mundial podrían vivir en zonas sometidas a una escasez de agua de
moderada a aguda. 2.
Energía: Dar acceso a la energía a 2.000 millones de personas que carecen de
servicios modernos de energía; promover las fuentes de energía renovables;
reducir el consumo excesivo y ratificar el Protocolo de Kioto para abordar la
cuestión del cambio climático. La población de los países industrializados
consume 10 veces más energía por habitante que la población de las regiones
en desarrollo. 3.
Salud: Abordar los efectos de los materiales tóxicos y peligrosos; reducir la
contaminación del aire, que mata a tres millones de personas todos los años, y
la incidencia del paludismo asociada con el agua contaminada y la falta de
saneamiento. 4.
Productividad agrícola: Trabajar para revertir la degradación de las tierras,
frenar la erosión y la desertificación, que afecta aproximadamente a los dos
tercios de las tierras agrícolas del mundo. 5.
Diversidad biológica y ecosistemas: Revertir los procesos que han destruido
aproximadamente la mitad de los bosques tropicales húmedos y los manglares de
la Tierra, amenazan al 70% de los arrecifes de coral y están diezmando las
pesquerías. Más de 11.000 especies están amenazadas de extinción, más de
800 ya se han extinguido y otras 5.000 podrían extinguirse, a menos que se
adopten las medidas adecuadas. Entre los objetivos oficiales de la Cumbre están
los siguientes: -
Lograr que la mundialización facilite el desarrollo sostenible -
Erradicar la pobreza y mejorar los medios de vida en las zonas rurales y urbanas; -
Modificar los patrones insostenibles de producción y consumo, incluida la
cuadruplicación de la eficiencia energética en los próximos 20 ó 30 años; -
Promover la salud mediante el acceso seguro y económicamente asequible al agua
potable, la reducción del plomo en la gasolina y la mejora de la calidad del
aire en locales cerrados; -
Proporcionar acceso a la energía y mejorar la eficiencia energética mediante
la creación y la utilización de tecnologías que fomenten las fuentes de energía
renovable y de alta eficiencia energética, y modificar los patrones
insostenibles de consumo de energía; -
Ordenar de manera sostenible los ecosistemas y la diversidad biológica mediante
el mejoramiento de los indicadores y los sistemas de gestión, haciendo frente a
los problemas de la pesca excesiva, las prácticas no sostenibles en materia de
selvicultura y la contaminación marina; -
Mejorar la gestión de los suministros de agua y la
distribución de recursos hídricos de manera que sea más equitativa; -
Proporcionar recursos financieros y tecnologías ecológicamente sostenibles; -
Apoyar el desarrollo sostenible en África mediante programas nuevos y amplios
que permitan crear instituciones y sistemas que puedan abordar cuestiones
relacionadas con el hambre, la salud y la protección del medio ambiente, así
como la gestión de los recursos; -
Fortalecer el sistema de administración internacional con miras al desarrollo
sostenible. Protocolo
de Cartagena sobre Bioseguridad
Después
de cinco años de difíciles negociaciones se logró aprobar en Montreal un
Protocolo de Bioseguridad que es el primer tratado internacional que reconoce a
los organismos manipulados genéticamente una categoría de organismos
necesitada de su propio marco jurídico. Este acuerdo internacional permitirá a
los países importadores de alimentos transgénicos regular su entrada de
acuerdo con el principio de precaución, lo cual supone un avance notable,
aunque otros aspectos son insatisfactorios, y pueden entrar en contradicción
con la Organización Mundial de Comercio, erigida en promotora de la libre
circulación de todo tipo de productos, incluso los más dañinos para el medio
ambiente yla salud. El
29 de enero de 2000, a pesar de la poderosa oposición de los países
exportadores de transgénicos, como Estados Unidos y Canadá, 130 países
acordaron el llamado Protocolo de Bioseguridad, que les da el derecho, sobre la
base de la aplicación del llamado principio de precaución, de rechazar las
importaciones de transgénicos. La Unión Europea acordó en junio de 2002
ratificar el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad del Convenio de
Diversidad Biológica, aprobado en enero de 2000 en Montreal (Canadá). El
Protocolo se refiere exclusivamente a los organismos transgénicos vivos,
dejando fuera todos los productos derivados (como es el caso de los piensos, por
ejemplo, aunque sus materias primas provengan de organismos transgénicos). Pero
a pesar de sus limitaciones, es un paso adelante y se deben hacer todos los
esfuerzos para que sea ratificado en Johannesburgo. Protocolo
de Kioto
El
Protocolo de Kioto de diciembre de 1997 concluyó con la adopción de un acuerdo
de reducción de emisiones de gases de invernadero por los 39 países
industrializados, incluidos los de la antigua URSS. El compromiso, que se
encuentra en un difícil periodo de negociación y ratificación, tras la
negativa del Presidente George W. Bush a ratificarlo, secundado por Australia y
Canadá, obliga a limitar las emisiones conjuntas de seis gases (CO2, CH4, N2O,
compuestos perfluorocarbonados (PFC), compuestos hidrofluorocarbonados (HFC) y
hexafluoruro de azufre) respecto al año base de 1990 para los tres primeros
gases y 1995 para los otros tres, durante el periodo 2008-2012, en proporciones
diferentes según el país: reducción de un 8% para el conjunto de la Unión
Europea, un 7% para EE UU y un 6% para Japón. Ucrania, la Federación Rusa y
Nueva Zelanda se comprometen a mantener sus emisiones de 1990. En conjunto la
reducción global acordada es de un 5,2% para los países industrializados. El
Protocolo es probable que se apruebe en la Cumbre de Johannesburgo en Suráfrica,
y la opinión pública debe presionar todo lo necesario para que así sea. En su
primera etapa no obliga a los países en desarrollo, dadas sus reducidas
emisiones actuales por habitante, y sobre todo las emisiones históricas
acumuladas. Los países industrializados, con el 20% de la población mundial,
son responsables de más del 60% de las emisiones actuales, y de la práctica
totalidad de las emisiones históricas, y a pesar de estos hechos
incuestionables, EE UU condicionan la ratificación del Protocolo a la asunción
de compromisos por parte de China (el segundo emisor mundial) y otros países en
desarrollo, contradiciendo el llamado Mandato de Berlín, alcanzado en la COP1
en 1995. El
Protocolo de Kioto ha sido firmado por la mayoría de las partes, aunque sólo
lo han ratificado la Unión Europea y Japón entre los grandes países
desarrollados afectados, y según la mayoría de los científicos del IPCC es un
paso totalmente insuficiente para evitar el cambio climático aún en el caso de
aplicarse de forma estricta, pero incluso este mínimo compromiso se ve
amenazado por la oposición del gobierno de EE UU y los "detalles" de
la aplicación y el desarrollo de algunos instrumentos del protocolo, tras el
acuerdo alcanzado en la Conferencia de las Partes en Marrakech en el año 2001,
como el mecanismo de desarrollo limpio (CDM) de cooperación de los países
industrializados con los países en desarrollo (artículo 12 del Protocolo), los
sumideros (art. 3.3, 3.4 y 3.7), el intercambio de emisiones, las iniciativas de
aplicación conjunta (Joint Implementation, JI y AIJ) entre países
industrializados (art. 17) y las posibles sanciones por incumplimiento de los
compromisos adquiridos. La
Unión Europea tiene, en general, las posiciones más avanzadas entre los países
del Anexo I, gracias a la presión de la opinión pública europea y de los
partidos verdes, y ya lo ha ratificado, coincidiendo con la presidencia española.
Por lo que se refiere a los países en desarrollo, éstos rechazan cualquier
medida que pueda impedir sudesarrollo, v en con preocupación las repercusiones
en sus países y en algunos casos tratan de obtener fuentes adicionales de
capital a través del mecanismo de desarrollo limpio. Estados Unidos es el gran
responsable del cambio climático, pues con sólo el 4,6% de la población
mundial, emite el 24% del CO2 mundial (más de 20 toneladas por habitante y año).
Las emisiones de gases de invernadero en EE UU han aumentado un 21,8% entre 1990
y 1998. El Protocolo de Kioto obliga a EE UU a reducir sus emisiones en sólo un
7%. Los
gobernantes de EE UU no quieren reducir las emisiones domésticas, y pretenden
con todo tipo de artimañas (negativa a ratificar el Protocolo, sumideros,
mecanismos de flexibilidad) seguir con su insostenible modo de vida consumista y
despilfarrador, a costa de afectar de forma irreversible al clima del planeta, y
sobre todo a las poblaciones más pobres del Tercer Mundo. Reducción
de la pobreza
La
erradicación del hambre y la pobreza son dos derechos humanos fundamentales y
debería ser la base para analizar los progresos realizados en la Cumbre Mundial
sobre Desarrollo Sostenible de Johannesburgo. La creación y la financiación de
una acción pública para garantizar tales derechos apenas progresa y la Meta
del Milenio de la ONU de reducir la pobreza mundial a la mitad antes de 2015 están
muy lejos de convertirse en realidad. El 20% más rico de la población mundial
ganaba 30 veces más que el 20% más pobre en 1960. En 1990 la proporción era
de 60 a 1, y en 1997 la diferencia era de 74 a 1, según el PNUD. El siglo XX ha
acentuado la desigualdad, en vez de reducirla. En 1820 la proporción era de 3 a
1, de 7 a 1 en 1870, de 11 a 1 en 1913, y de 74 a 1 en 1997, es decir, hoy las
desigualdades son mayores que nunca. La
globalización pivotada y gobernada por el Fondo Monetario Internacional, el
Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio y la OCDE, no contempla ningún
mecanismo de redistribución de la renta. La mitad de la población mundial, más
de 3.000 millones de personas, viven con menos de dos dólares diarios, mientras
las 225 personas de mayor fortuna poseen un patrimonio equivalente a la renta de
2.500 millones de personas, y la fortuna de las 15 personas más ricas supera al
PIB del conjunto de los países del África subsahariana. Para paliar el
desastre de la globalización de la pobreza, se han propuesto algunas medidas,
como la condonación de la deuda externa de los países más pobres y el aumento
de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), hasta alcanzar el 0,7% del PIB de los
países ricos. Pero los pobres probablemente prefieran que les paguen más por
el café y otros productos de exportación a las medidas meramente caritativas;
como decía un chiste, "Pagar mejor el café, y menos ONG". Las
remesas de los emigrantes (unos 110.000 millones de dólares anuales) suponen más
del doble de toda la Ayuda Oficial al Desarrollo. En
los países del Sur las mujeres satisfacen la mayoría de las necesidades básicas
de sus familias y contribuyen de forma significativa a la agricultura rural y a
las economías locales. El fortalecimiento de la perspectiva de género debe
convertirse en una ingrediente esencial del proceso de desarrollo sostenible con
un énfasis especial en el reparto de trabajo productivo y doméstico, la
migración, el acceso a la propiedad, poder y presupuestos. La
Conferencia para la Financiación del Desarrollo en Monterrey en 2002 vino
determinada por la resistencia de los países industrializados a aumentar la
ayuda al desarrollo, hasta alcanzar el objetivo de la ONU del 0,7% del PIB, o de
llegar a un acuerdo significativo para aliviar la deuda externa de los países
en desarrollo. La UE debe superar la posición que presentó en la conferencia
de Monterrey y debe asumir un papel de liderazgo en la financiación del
desarrollo sostenible en los países en desarrollo. Agenda
21
La
Agenda 21 o Programa 21 se ha visto entorpecida por cuatro factores principales,
según la ONU: *Un
enfoque fragmentado que ha permitido que las políticas y los programas aborden
cuestiones económicas, sociales y ambientales, pero no de una manera integrada; *La
utilización excesiva de recursos que los ecosistemas no pueden soportar; *Una
ausencia de políticas coherentes en las esferas de las finanzas, el comercio,
las inversiones y la tecnología, y de políticas proyectadas con una visión a
largo plazo; *La
falta de recursos para ejecutar el Programa21. Los países en desarrollo han
tenido dificultades en obtener nuevas tecnologías e inversiones privadas de los
países desarrollados, y la ayuda al desarrollo se ha reducido en el último
decenio. Entre
los preparativos para la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, el
Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, ha publicado un informe
de 63 páginas en el que se analiza el progreso logrado durante la última década
para poner en ejecución el Programa 21, un plan mundial para el desarrollo
sostenible que fue aprobado en la Cumbre de la Tierra de 1992, en Río de
Janeiro. El informe evalúa las tendencias económicas, sociales y ambientales
de los últimos diez años y presenta sugerencias sobre cómo la comunidad
internacional puede volver a relanzar sus esfuerzos para alcanzar las metas
dispuestas en el Programa 21. La
Agenda 21 o Programa 21, según la propia ONU, es un buen plan, pero con una débil
aplicación. El medio ambiente mundial sigue siendo demasiado frágil y las
medidas existentes para su conservación están lejos de ser suficientes. Ha
habido un progreso muy limitado en la reducción de la pobreza en los países en
desarrollo, y la globalización, por sí misma, no ha beneficiado a la mayoría
de la población mundial. En
general, los intentos para impulsar el desarrollo humano y para detener la
degradación del medio ambiente, no han sido eficaces durante la pasada década.
Los escasos recursos, la falta de voluntad política, un acercamiento
fragmentado y no coordinado, y los continuos modelos derrochadores de producción
y de consumo, han frustrado los esfuerzos de poner en ejecución el desarrollo
sostenible, o el desarrollo equilibrado entre las necesidades económicas y
sociales de la población, y la capacidad de los recursos terrestres y de los
ecosistemas para resolver necesidades presentes y futuras. A
pesar de una década de resultados poco satisfactorios, el Programa 21 - el
acuerdo adoptado por unanimidad en la Cumbre de la Tierra de 1992, en Río de
Janeiro-sigue siendo válido, aunque en él faltan, no por casualidad,
cuestiones tan importantes como la energía nuclear o el control de las empresas
multinacionales. El
mundo ha cambiado en los diez años que han transcurrido desde Río, con nuevas
necesidades y desafíos creados por la globalización, la revolución de la
información y las comunicaciones y la propagación del VIH/SIDA. |
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